Michoacán, tierra de contrastes y bellezas naturales, alberga entre sus tesoros una formación rocosa que desafía la imaginación: el Dedo de Dios. Esta escultura natural, esculpida por la incansable fuerza del Océano Pacífico, se erige como un faro que guía la mirada de los visitantes hacia las alturas, en la hermosa playa de Maruata.

 

El Dedo de Dios es una maravilla geológica que se ha formado a lo largo de los años gracias al constante golpeteo de las olas contra la roca, un proceso de abrasión que ha dado como resultado una figura que se asemeja a una mano apuntando al firmamento. Ubicado a pocos metros de la orilla, este monumento natural es testigo del poder y la majestuosidad del mar.

 

Para los aventureros que deseen visitar el Dedo de Dios, el viaje puede comenzar en Morelia, siguiendo las carreteras federales y estatales hacia la costa michoacana. Una vez en la región, un camino de terracería de dos kilómetros conduce a los viajeros hasta este destino escondido. La aventura continúa al llegar a la playa, donde se debe cruzar «El puente de Dios», ya sea rodeando un cerro o atravesando una estrecha cueva, para finalmente encontrarse frente a frente con la imponente formación.

 

Más allá del Dedo de Dios, Maruata ofrece una gama de actividades que enriquecen la experiencia de sus visitantes. El Centro Eco turístico Ayult, gestionado por la comunidad indígena local, promueve la conservación de este paraíso costero. Los amantes de la naturaleza pueden observar y fotografiar tortugas marinas en su hábitat natural o sumergirse en el Jacuzzi Natural, una piscina marina protegida del oleaje, accesible mediante un paseo en lancha.

 

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