En el corazón de México, en el encantador pueblo de Chignahuapan, Puebla, la Navidad no es solo una temporada, es una forma de vida. Aquí, la producción de esferas no es solo una actividad económica, sino una tradición que ha dado prestigio a Chignahuapan a nivel nacional e internacional. Sus hermosas creaciones han llegado a rincones lejanos del mundo, y en este reportaje, te llevaremos a descubrir cómo nacen estas esferas mágicas.

 

Para llegar a Chignahuapan desde la Ciudad de México, solo necesitas dos horas y media de viaje. Una vez en este pueblo, te sumergirás en una actividad que cautiva tanto a niños como a adultos, y sus calles se llenan de emoción en esta temporada tan especial.

 

En el corazón de Chignahuapan, conocimos a María de Jesús Reyes, cariñosamente conocida como «Doña Mary», quien lidera su taller familiar con un ojo clínico. Si una pieza no cumple con sus estándares de calidad, simplemente cancela su producción. Su dedicación a lo largo de los años se refleja en los callos en sus manos, resultado de la meticulosa labor de decorar las esferas que adoran miles de hogares en México durante la Navidad.

 

Doña Mary nos llevó en un recorrido por su taller y tienda, compartiendo sus emociones, anécdotas y el proceso detrás de estas hermosas creaciones. En el área de soplado, nos mostró cómo, en apenas 30 segundos, el vidrio se transforma en figuras asombrosas con la ayuda del fuego y los pulmones.

 

En el área de decorado, Araceli Carmona, con pulso y trazo perfecto, da vida a las flores sobre el dorado y la diamantina. Cada pieza es única, ya que todo el proceso se realiza a mano de forma individual.

 

La producción de esferas en Chignahuapan es una tradición que se lleva a cabo cada año, y los pequeños artesanos a menudo se endeudan para comprar la materia prima: pintura, solventes y vidrio importado. Sin embargo, esta tradición no solo sostiene una costumbre valiosa, sino que también proporciona empleo a la comunidad.

 

Otra de las tiendas destacadas en Chignahuapan es «Esferas Campanita», conocida por su producción de mayor dimensión. Yahir Armando Herrera, cuyas creaciones han adornado el Vaticano, nos recibió con orgullo. Esta tienda se mantiene abierta durante todo el año, ya que sus obras son apreciadas en todas las temporadas.

 

Hace más de 30 años, Rafael Méndez, originario de Tlalpujahua, Michoacán, se mudó a Chignahuapan y compartió su conocimiento sobre el vidrio soplado. Hoy en día, más de 500 talleres familiares se dedican a esta hermosa tradición.

 

Visitar Chignahuapan es adentrarse en un mundo de arte, cultura, y paisajes imponentes. Desde su monumental árbol de Navidad hasta «La Villa Iluminada», Chignahuapan tiene mucho que ofrecer. También puedes explorar Las Cascadas de Quetzalapan, donde el agua cae desde una altura de 200 metros.

 

En este pueblo, la verdadera riqueza está en su gente y sus artesanos, quienes han dedicado su alma y corazón a cada obra y creación. En Chignahuapan, la Navidad es eterna, y su magia perdura a lo largo de todo el año.

 

 

 

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